martes, 25 de febrero de 2014

Jesús de Medinaceli (M)

     Ya esta a punto de llegar marzo y el primer viernes de este mes y los devotos harán colas de horas para el tradicional besapié del Cristo de Medinaceli, como si no diese tiempo o alguno se fuese a quedar sin pasar; el templo abre sus puertas durante 24 horas. A este acto suele acudir algún miembro de la Familia Real, este año tienen mucho que pedir, luego a ver que se les concede. Yo nunca he ido a esto, pero si he estado varias veces allí, yo me quedo con mi Cristo de los Pinares, incluso tras la restauración. Una de las primeras veces que estuve aquí, primero visite la Iglesia de la Scientology de Madrid viendo aquello no me iba mucho  decidí que mejor lo de siempre y fui a ver al Cristo.
     La imagen representa a un Ecce Homo y se elaboró en un taller andaluz en el siglo XVII, es de talla entera por lo que puede ir sin vestir, con solo el paño de pureza. Su mirada refleja su gran sufrimiento. La talla está encorvada por el dolor sufrido en su espalda por la flagelación. El pelo esta tallado, pero lo tapa la cabellera sobrepuesta de pelo natural. El Cristo tiene un gran ajuar entre las que destaca una túnica de 1846 regalada por el rey consorte Francisco de Asís y otra regalo de la Duquesa de Medinaceli. En las grandes ocasiones, como esta, le ponen una corona de oro macizo de medio kilo de peso con piedras preciosas que le regalaron los joyeros madrileños en 1950.
     La basílica actual fue inaugurada y consagrada en 1930; construida en forma de cruz latina con tres naves, en la parte alta del presbiterio se encuentra el camarín del Cristo. En el exterior tiene una fachada es estilo barroco rematada en un frontón. Cabe destacar las vidrieras y los mosaicos que representan escenas de la devoción de los madrileños a Jesús de Medinaceli.

miércoles, 19 de febrero de 2014

El Greco en Gatsby

Primer fin de semana de la exposición de Cezanne en el Thyssen, puff imposible entrar está a tope; habrá que dejarlo para otro día, aunque veré la de Darío de Regoyos que me resulta más interesante y realmente me gusta. Ya que estábamos allí, aunque había que esperar un poco vemos las pinturas del Greco de la colección: dos anunciaciones, un Cristo y una Inmaculada. Han aprovechado el momento y han hecho un profundo estudio de su técnica, temática, color y forma de trabajar y lo exponen con un audiovisual. Me gustan más los azules de su primera época, Anunciación de 1576, así como el resultado de la composición de la otra Anunciación con una diferencia de 20 años.

Me vino a la cabeza F. Scott Fitzgerald que al final de Gatsby (1925) evoca unas imágenes nocturnas del Greco, comparando la visión de Toledo con la costa norte de la isla de Long Island:  “. . . siempre me pareció que el Este tenia la característica de distorsionar las cosas. West Egg sigue apareciendo en mis sueños más fantásticos. Lo imagino como como una escena nocturna de El Greco: un centenar de casas a la vez convencionales y grotescas, amontonadas bajo un cielo huraño y bajo una opaca luna. . . “


lunes, 3 de febrero de 2014

Calle León (Madrid)

 Este domingo aproveche para escaparme a Madrid y dar una vuelta por el centro visitando lugares conocidos y desconocidos, de los últimos  el Museo del ABC, de la calle Amaniel; pudimos ver las ilustraciones del francés Benjamín Lacombe, que conocía por los libros editados por Edelvives. Me gustó mucho la cafetería, un espacio blanco y diáfano sin nada pero con todo. De aquí callejeamos hasta llegar al capitalino Barrio de las Letras, donde esta la calle León de la que voy a hablar.
La Calle León  tiene un trazado simple, recta y estrecha; nace en la calle del Prado y va a desembocar en Atocha. En la placa de la calle podemos encontrar el origen de su nombre; según la tradición en esta calle se estableció un indio que tenía un león en una jaula y que por dos maravedíes se lo enseñaba a la gente que por allí pasaba, convirtiéndose en una atracción muy popular, tanto como para dar nombre a la calle. En esta calle paso largas temporadas Miguel de Cervantes, en el edificio que hace esquina con la calle que lleva su nombre. En el número 27 nació el Premio Nóbel Jacinto Benavente. Otro personaje que vivió aquí fue Marcelino Menéndez Pelayo, en la Casa de la Real Academia de la Historia.
Antes también se la llamó, Calle del Mentidero, ya que aquí estaba uno de los mentideros más importantes de la Villa, el de los Cómicos; los mentideros eran lugares de encuentro para hablar y conversar sobre cualquier tema. Otra curiosidad de esta calle es que en el siglo XVIII  hubo una especie de pescadería de las más famosas de Madrid conocida como “fresco”; uno de los pocos lugares donde comprar pescados relativamente frescos, ya que en aquella época las comunicaciones entre los puertos eran muy malas y el trasporte era lento, por lo que el pescado era un artículo de lujo. Ahora el comercio tradicional va cediendo sus espacios a nuevas iniciativas comerciales que aprovechan estos viejos establecimientos dándoles un aire nuevo, aunque con la solera de antes. Voy a comentar algunos:
     La integral. Es una especie de bazar-tienda que reúne  los trabajos de artistas y diseñadores. Era una antigua confitería que funcionaba desde principios del s.  XX y sigue conservando el aspecto original en su fachada y en su mostrador de mármol.
     González. Es una antigua tienda de ultramarinos remodelada que mantiene su esencia  en sus vitrinas y selección productos. Ahora es una especie de Vinoteca/Charcutería donde puedes degustar unos buenos quesos acompañados por un vino en la trastienda, un bar como  los de toda la vida.
      Cosmen & Keiless. Era un antiguo bar que se ha reconvertido en panadería-pastelería, con una decoración muy cuidada, te trasporta a los cafés de centroeuropeos. Un lugar donde tomar un café con una tarta de queso y poder comprar panpan y otros tipos de bollería tradicional o más cosmopolita, pero elaborados de forma artesanal.
      Casa Pueblo. Un café con aspecto de antiguo, con veladores de mármol y terciopelos lleno de detalles en sus paredes con un fondo de jazz, tranquilo y que parece que estas en otro mundo observando la calle desde sus cristaleras. Buen café o cerveza, con un trato amable y profesional, algo que se echa en falta en otros lugares tan de moda hoy en día, hay que probar sus tartas de zanahoria y remolacha
      Dionisos. Un restaurante griego en la zona que huye de platos elaboradisimos, productos fresco y bien cocinados. El local es cómodo pero pequeño, con buen servicio. Tiene un menú del día que sale muy apañado y luego otros mas caros pero con más variedad y con el que degustar los platos helenos, bastante fieles por cierto.
En la esquina con la calle Prado, hay un hotel que en su fachada tiene una enorme salamandra hecha con cds, que se instaló para una feria de diseño y acabo quedándose y dando este toque tan original.